Se cuela en la zona de los camellos de Cabárceno en busca de droga

El lumbreras de Aitor, de Zorroza , no olvidará fácilmente la vergüenza que tuvo que pasar ayer. A este lisensiado en la universidad de la calle, le faltaba su camello de confianza, y en su búsqueda de María, decidió que en Cabárceno encontraría lo que buscaba.

 

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Aitor emocionado ante su plan sin fisuras

Aitor nunca tuvo muchas luces. Solamente así se explica que este joven de 21 años del barrio bilbaino de Zorroza, se colase ayer en la zona de los camellos de Cabárceno, pensando que allí encontraría alguien que le vendiese un poco de maría para sus habituales porretes.




Ayer por la mañana contactó con su camello habitual por whatsapp. Éste le contestó que iba a estar dos días fuera de Bilbao, y que se buscase la vida.

La mente privilegiada de Aitor recordaba que una vez un amigo suyo vino contando que había ido a Cabárceno, y que allí estaban los mejores camellos de todo el cantábrico. Que eran cojonudamente buenos, podías ir donde ellos sin problema porque no te hacían nada, y en cuanto les llamabas se acercaban a ti. A Aitor siempre le extrañó que su amigo fuese a Cabárceno con sus padres. Le llamaba la atención que le acompañasen a por droga, pero quién era él para inmiscuirse en la vida de los demás.

Así que ayer por la mañana cogió su scooter, y tiró hacia Cabárceno. Pasó por el Zul y sonrió. Recordó las buenas noches que había pasado ahí, rompiéndose en la tarima, y luego teniendo sexo al aire libre de buena mañana, tras esnifar algo de cocaína en los pechos de alguna adolescente. En solo 3 horas desde su casa llegó al parque, pagó su entrada y  se sorprendió al ver que en el mapa de cabárceno venía indicada la zona de los camellos “Joder, esto es como Amsterdam, que buen trabajo ha hecho el Revilla de las anchoas ese, hasta te indican dónde tienes que ir a pillar”.

 

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Aitor pasaba las clases de Naturaleza zurrándose la sardina en lugar de atendiendo. Hoy recoge los frutos de aquello.

Los 49cc de su scooter le catapultaron hacia los camellos, que comían tranquilamente en su zona. Aitor se bajó de la moto y miró extrañado a los animales. “Parecen dromedarios” dijo para sus adentros.

Ni corto ni perezoso saltó la valla, y se acercó a ellos, decidido, con un par de huevos, como mandan los cánones de un joven de Zorroza, sin miedo. Llevaba su billete de 20 euros en una mano y el mechero en la otra. Esperaba que de un momento a otro, de entre aquellos animales apareciese un hombre que le vendiese un poco de María.

Sin embargo lo que apareció fue un camello macho altamente excitado, que confundió al joven Aitor con un juguete sexual. De un cabezazo lo dejó inconsciente, y bajándole los pantalones con la boca, preparó el pompis de Aitor para darle matarile por la trasera.
Afortunadamente, los vigilantes de Cabárceno pudieron sacar a Aitor de allí, eso si, con los calzoncillos por los tobillos.



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