Japonesa toma un machacao con alegría y esa misma noche se empadrona en Bilbao

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“Glan pollón! Glan pollón! Mi gustal mucho” Así de contenta se mostró Ching Yung Fao la noche que probó su primer machacao con alegría. Esta joven japonesa quedó enamorada del machacao con alegria del Soiz y esa misma noche se quedó a vivir en Bilbao.




Aunque en bilbaotoday.com somos muy de poner noticias actuales, esta se remonta a finales de 2001. Rescatamos una curiosa historia que sucedió una noche de sábado.
Poneos en situación: El Casco Viejo está en su esplendor en lo que a fiesta se refiere, abarrotado de gente. Barrenkale está hasta arriba , y el Soiz sirve chupitos a destajo, uno tras otro, los machacaos empapan los estómagos de jóvenes bilbainos y bilbainas. 

Sorprendida por el jaleo, Ching se acerca al Soiz con una amiga de Bilbao que conoció el día anterior. Esta estudiante japonesa de 22 años regresa a su Osaka natal al día siguiente, y ha querido despedirse del botxo con una buena fiesta. En el Soiz, su amiga bilbaina pide dos machacaos y riendose, pide uno “con alegría” para su amiga japonesa.

 

machacao con alegria
Antxon también tomaba los machacaos con alegría en su juventud. Y mirad que bien se conserva a sus 69 años.

Hoy, Amaia, recuerda aquel momento como si fuera ayer: “Yo me estaba partiendo el ojete imaginándome la cara que pondría cuando le pasasen el nardo por la cara. La japonesa era muy modosita, e imaginármela así me causaba mucha risa. Lo que sucedió a continuación dejó a todo el Soiz sin palabras….”

Amaia, que hoy en día es dueña de una de las tiendas de ropa más conocidas de Bilbao, recuerda cada detalle de aquel momento: “El camarero sacó el cimbrel y al acercárselo a la japonesa, ésta lo atrapó con la boca y lo mamó como si no hubiera un mañana. Que manera de chupar. En el bar se hizo el silencio y solo se escuchaba el sonido del mamurcio. El camarero luchaba por sacarle la alegría de la boca, pero ella no soltaba. Joder, parecía una jirafa estirando el cuello para aprovechar hasta el último trozo. Si el camarero se lo deja más tiempo, le saca punta. Recuerdo que dejó el glande sin color y todo”

“Cuando acabó me dijo que ni hablar de volverse a Japón, que aquello era maravilloso. Esa misma noche en la embajada pidió quedarse y se empadronó en Bilbao. Lo siguiente fue cambiarse el nombre a Aitziber Urrutigoiría. Desde entonces, todos los findes se metía 7 u 8 machacaos con alegría, a los dos meses el camarero le regaló la alegría y se la llevó a casa. No la volví a ver desde entonces”.



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