Jubilado fué al alto de Santo Domingo a por setas y solo encontró nabos

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El jubilado Antxon Errandonea, de 73 años de edad y residente en Begoña, aún no se quita el susto del cuerpo. Fue a buscar setas al alto de Santo Domingo, y solo encontró nabos, pero nabos de los que están unidos a personas de dos piernas y pelo en pecho.

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Hay más movimiento en esa curva que en todo Bilbao

 

El bueno de Antxon, no conocía que la zona del alto de Santo Domingo es frecuentada por hombres que buscan un lugar apartado para tener intimidad con otros hombres. Como todas las mañanas, salió a dar un paseo con su cesta a ver si caía algún boletus edulis , y sin embargo lo que se encontró fueron varios penes erectus.
Le encontramos a la salida de misa de 12 , acompañado de su mujer, la manda para casa y vamos a un bar a tomar unas rabas y un mariano mientras nos cuenta la historia:




“Salí de casa con la sonrisa puesta, me había levantado contento de verdad. El sol de la mañana brillaba en mi cara, y una brisa fresca me ayudó a despertar. Cuando llegué al alto aparqué mi ford fiesta, y mientras metía la navaja que me acababa de regalar la mujer por mi cumpleaños en la cesta, un chaval me golpeó la ventanilla y al bajarla me dijo “¿la tienes muy grande?”. Como el tío miraba hacia la entrepierna donde tenía apoyada la navaja le respondí – Pues si, es un buen aparato. A ver que tal se comporta porque es la primera vez que la voy a usar aquí- “.

 

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Si la sacas es para usarla, el que la saca para enseñarla es un parguela

“El tio me dijo que esperase, que iba a por sus cosas. Supuse que sería un buscasetas como yo. Aún no había amanecido del todo y tuve que encender la luz interior del coche porque se me cayó el mechero entre los asientos. Andaba yo buscándolo cuando un tío de unos 50 años entró en el coche abriendo la puerta del copiloto, menudo susto me pegué. Le dije que a ver que ostias hacía ahí y me dijo “Ya sabes, es el código”. Yo le pregunté extrañado a qué código se refería , y me dijo “Si enciendes la luz, es que quieres que entre”.
Como ya soy mayor y no controlo eso de las tecnologías, pensé que sería algo de los grupos esos del whatsapp. Se le veía cara de bonachón y a fin de cuentas, pensaba que vendría también a por setas, me daba igual dos que tres.”

“Al momento entró el primer chaval en el asiento de atrás, y lo primero que hizo fue preguntar si habíamos empezado sin él. Le dije que como ostias íbamos a haber empezado, que primero nos teníamos que poner de acuerdo en qué zonas nos gustaban más a cada uno. El del asiento del copiloto dijo que él se pedía los pezones. Eso reconozco que ya me puso sobre aviso, pero supuse que sería alguna barriada o parcela de Derio, de los que quedan al otro lado de Santo Domingo. El de detrás dijo que él iba a empezar mirando. Pensé que era un poco de gilipollas irse hasta allí solo para mirar como los otros cogían setas, pero allá cada cual.

Cogí la cesta y dije, pues venga , empecemos. En un segundo el copiloto sacó de entre las patas un sable enorme, me entró un pánico terrible al ver eso ahí tan cerca, así que pillé la navaja y se la clavé en todo el capullo. Empezó a gritar y salió corriendo. Me giré rápido hacia detrás, no vaya a ser que apareciera por ahí otro nardo del demonio y le dije al chaval que como sacara el cipote se lo iba a mandar al aeropuerto de un mordisco, y puso pies en polvorosa.”

“Lo peor de todo fue llegar a casa y contarle todo a mi mujer, me dijo que menuda aventura me había montado para justificar que no había encontrado una mísera seta, a la cuadrilla del mus se lo conté y ahora  siempre me vacilan diciéndome que me huele la espalda a Brummel, cabrones….”.



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