Mulato causa tremendo revuelo en la piscina de la alhóndiga porque se le rompió el bañador

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Asombroso suceso el ocurrido la semana pasada en la piscina de la alhóndiga. A Richard F. G. mulato residente en Indautxu, hijo de padre guineano y madre barakaldesa, se le rompió el bañador mientras hacía largos en la piscina.

 

piscina alhondiga

A cualquiera se le puede romper el bañador en medio del entrenamiento en la piscina, pero si se le añade la morfología especial que el muchacho gasta en la entrepierna, aderezado con un fondo de la piscina transparente, el resultado es un momento cuanto menos peculiar.

El bueno de Richard, absorto en su sesión de entrenamiento, no reparó en la rotura de las costuras de su bañador, que provocó que su miembro comenzase a deslizarse a su libre albedrío por el fondo de la piscina con cada largo que realizaba.




La primera en darse cuenta de que algo más que pies asomaban por el lucernario de la piscina fue Idoia, que esperaba a una amiga en la alhóndiga para ir al cine:

“Me quedé sin batería en el móvil y me dio por echar un ojo a la piscina, entre todos los pies había algo que se arrastraba por el fondo. Era como una cuerda de esas que se utilizan para amarrar los barcos.”

Pasaron los minutos e Idoia cada vez estaba más intrigada: “Aquello no paraba de recorrer el fondo de la piscina para arriba y para abajo, pero yo, que me como los calipos de rodillas, enseguida supe reconocer lo que era. Avisé al personal de seguridad, y enseguida comenzó a agolparse la gente bajo la piscina, mirando hacia arriba. Llegó mi amiga y decidimos tumbarnos en el suelo mirando hacia la piscina, aquello era mucho más divertido que ir al cine”.

piscina de la alhondiga
Había que estar cegato, para no ver el nabo del mulato

A los 5 minutos la multitud colapsaba la alhóndiga, era puro espéctaculo. La gente gritaba “uy uy uy!” cuando el cipote iba a rozar alguna persona, las madres decían a sus hijos que era una manguera de las que se utilizan para limpiar el fondo de las piscinas, y mujeres de avanzaba edad sacaban fotos para “mandar a las amigas”.



Todo terminó cuando el socorrista avisó al pobre Richard del incidente, que avergonzado por la situación pero orgulloso de su miembro, abandonó la piscina de la alhóndiga a la carrera picha en mano.

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