Multada una cuadrilla de Indautxu que utilizaba la fuente de Moyúa para enfriar los litros

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La fuente de la plaza Moyúa ha sido protagonista esta semana al conocerse que una cuadrilla de chavales de Indautxu llevaba 3 años guardando y enfriando los litros en ella. Empezaron un sábado de 2015 , y desde entonces, sábado tras sábado, botellas de ron, vodka, bricks de Don Simón….eran sumergidos en la fuente.

Según nos cuenta uno de los jóvenes, que no quiere decir su nombre, pero se llama igual que Muniain, todo comenzó cuando un sábado, tras comprar bebidas alcohólicas , la madre de uno de los chavales se dirigía de frente hacia ellos cuando se encontraban cruzando la Plaza Moyúa.
En un acto instintivo, los chavales, echaron las bolsas al agua, y al cruzarse con la madre, disimularon. Así lo cuenta Iker: “La madre de Igor está bien buena, y enseguida la vimos venir a lo lejos. Pero claro, si nos pilla con esa litrada se nos cae el pelo, así que tiramos los litros al agua y seguimos el camino disimulando. No nos pilló”.




Los jóvenes no volvieron hasta horas después a por las botellas, que para su sorpresa “Estaban frías de cojones. Esa noche no compramos litros. Entre risas dijimos que había que repetir, y el sábado siguiente los volvimos a guardar allí”.
Así han estado durante 3 años, enfriando los litros en la fuente. Todo eran risas hasta lo sucedido el pasado sábado. A Iker se le cambia la cara cuando recuerda lo sucedido: “Este sábado Nerea compró una botella de Jagger, era su cumple y quería pillarse la gran tajada. Metimos los litros al gua y nos fuimos cada uno a nuestra casa a maquearnos. El problema vino cuando un chaval de 7 años que estaba jugando en la plaza, metió la mano al agua y encontró la botella. Aún no sabemos cómo la pudo abrir siendo tan pequeño”.

 

playa moyua litros
El chaval echó mano a la botella

Iker traga saliva y recuerda horrorizado el momento: “Por lo que se ve, el chaval le pegó unos buenos tragos. Le debía saber a piruleta o algo porque sino no lo entiendo, a mi un chupito ya me rasca la garganta, pues el crío se bebió un tercio de la botella. La madre estaba charlando con sus amigas en un banco y no se dio cuenta. Sólo reparó en su hijo cuando le vio sin camiseta subido a la fuente cantando pintxo-pintxo a todo grito, ondenado la camiseta como si de una bufanda se tratase. Tenía los mofletes colorados y apenas mantenía el equilibrio, incluso decía improperios a las niñas que pasaban por su lado. Vino la policía y al revisar las cámaras, nos cazaron”

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