Pillado subiendo a Artxanda con un maniqui de copiloto con a saber qué oscuras intenciones

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La policía de Galdakao ha interceptado este pasado Domingo a un joven que se dirigía a Artxanda con un peculiar acompañante: un maniquí. Esta peculiar copiloto vestía lencería fina y maquillaje provocativo, por lo que los agentes tienen sospechas de que el joven tenía pensado poner al maniquí mirando a la torre Iberdrola.




Domingo, 9 de la noche. Una patrulla de la policía municipal de Galdakao patrulla por la zona de El Vivero cuando se cruzan con un coche a la altura del parque de atracciones. Los agentes paran su vehículo unos metros más adelante y se miran el uno al otro. Algo era extraño en esa pareja que subía hacia Artxanda. “¿Te has fijado?” Pregunta uno de ellos al compañero. “Si, pon los pirulos” responde el otro.

En ese momento comenzó la búsqueda del coche en cuestión, la tarea no fue fácil, son muchos los recovecos donde los coches se esconden de las miradas indiscretas, y las parejas le dan al tema con alegría. En una de las curvas, al final de un camino de tierra, encontraban el coche aparcado. “¿Tío, ¿Sacamos la pistola?” pregunta uno de los agentes al compañero. Éste le responde serio: “La pistola si se saca es para usarla, el que la saca pa enseñarla es un parguela“. Risas nerviosas, pero las Heckler & Koch se quedan en la funda.

 

maniqui artxanda
Urko, de Deusto, momentos antes de presentar su tesis doctoral

Los agentes se acercan con paso firme como manda el protocolo en los casos de sexo en Artxanda: uno por cada lado, y aplaudiendo con brío para avisar de su presencia y dar tiempo a las parejas para que dejen la cópula y se vistan. Pero esta vez parece diferente, en el asiento del copiloto descubren un maniquí disfrazado de mujer. Lleva lencería cara, labios pintados, y desprende un olor a perfume caro.

El agente Oleazabal Urrutigoirizelaiaetxebarría nos describe el momento: “Le preguntamos qué intenciones tenía con semejante maniquí, y el pobre se nos echó a llorar. Dijo que llevaba mucho tiempo a dos velas, y que daba vueltas por Artxanda con la intención de cruzarse con algún conocido y que al verle con la chica de copiloto pensasen que practica sexo a menudo. Verdaderamente era un hombre roto por dentro. Examinamos el maniquí y vimos que no tenía lesiones.”

Los agentes ejercieron de psicólogos con el joven, que no paraba de llorar: “Sabemos el problema que hay en Euskadi para ligar, e intentamos empatizar con el chaval. Nos pusimos a animarle haciéndole comentarios positivos sobre el maniquí, que si tenía muy buen gusto al combinar las prendas, que si como no habla no le diría que conduce muy rápido, que no se enfadará si olvida qué día es su aniversario…el chaval se vino arriba, se empezó a poner contento, y los lloros se convirtieron en sonrisas. Estaba mucho más animado cuando de repente nos miró muy serio y dijo –A esta le ponen mucho los uniformes, ¿nos hacemos un trío con ella?-. En ese momento nos miramos mi compañero y yo y echamos a correr hacia el coche patrulla, menudo colgao“.



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